Éxito viene de exitus: salida.
En su momento tuve lo que se considera éxito. Y no era éxito.
Cuando estoy en un marco problemático, estoy todo el tiempo buscando la solución. Pero el problema, buscar la solución y la solución forman parte del mismo marco. La solución no es una creación diferente al problema: es la cesación del problema.
Ahí adentro, todas las opciones que aparecen no tienen fuerza. Si la tuvieran, dejaría de estar el marco del problema, y el marco del problema necesita energía para subsistir. Hasta ganarse un premio sería para solucionar ese marco. No importa de qué manera uno se traslade: el epicentro es el marco del problema.
Si éxito significa salida, el éxito es la salida del marco.
Y ese marco le pertenece al ego.
Cuando pienso «yo soy exitoso», siento un cortocircuito. Las concepciones que hay en torno al éxito se basan en la existencia del yo. Tengo la sensación de que el éxito es justamente su ausencia.
Por eso concretar algo exitosamente no es el éxito. Y la riqueza me parece algo apagado, una acumulación de bienes. El éxito tiene vida y movimiento.
No lo veo afuera ni adentro. Es un estado de presencia. Uno forma parte del éxito, el éxito es algo más grande, y en el éxito las cosas se mueven. Uno no las controla, pero se mueven favorablemente.
En el conflicto, lo importante es el cómo: cómo salgo de acá, cómo logro esto. En el éxito, lo importante es el qué.
En las constelaciones está la flechita. Tiene que mirar hacia el éxito.
No depende de la medida de lo que uno quiera. Cada uno es su medida.
Solución viene de solutio: aquello que se disuelve en algo mayor. El éxito sería la solución, porque implica la disolución del yo en algo mayor.
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