Ir al contenido
Gastón López Tropeano

Lo que veo cuando alguien pide ayuda

Puedo ver con claridad. Eso no alcanza.

Para que un acompañamiento funcione hace falta algo del otro lado, y hoy sé nombrarlo: una actitud de entrega y de fe.

Hoy se lo contaba a un empleado. La escena del evangelio donde tocan a Jesús entre la multitud y él se da vuelta y pregunta quién lo tocó. La mujer responde, y él no le dice “yo te sané”. Le dice: tu fe te ha sanado.

Ahí está todo.

Quien está parado en una situación está ahí porque no ve. Si viera, no estaría ahí. Por eso busca a alguien que lo acompañe a ver. Y en ese movimiento ya está implícita la confianza, que no es un detalle del vínculo: es su condición. Confianza viene de confidere: con fe.

La clave es pedir ayuda. Ese es el puente. Y la entrega.

Se da algo que siempre me remite al arcano del Sol. Dos gemelos, uno en el agua y el otro en la tierra. Uno ve y el otro no. Uno acompaña al otro, pero la Luz del Sol les da a los dos. El que ve está en tierra; el que no, en el agua.

Cuando uno pide ayuda, la comunión es que el todo de uno es visto por el otro. Y no una parte de uno mismo luchando con otra parte de uno mismo.

A mí también lo que me resulta es pedir ayuda. Hace poco pedí ayuda con algo que realmente me tenía atravesado. Me cansé de probar por mi propia cuenta. El cambio fue sacar el turno: desde ese momento todo comenzó a transformarse. Ya no estaba yo tratando de solucionar algo del yo, porque era el yo mismo ligado.

Estar abierto es indispensable.

Entonces me vienen con un problema. Yo no tengo el problema, así que puedo mirarlo. Guío, y doy una instrucción chica, algo para que la persona se ordene en su propio camino, en su propio orden.

El acompañamiento se apoya en la energía de quien es acompañado.

Por eso, para que alguien pueda ser acompañado hacen falta tres cosas, en este orden.

Primero, reconocer que lo necesita. Sin eso no hay nada, porque no se puede acompañar a quien no pidió.

Segundo, confiar en quien lo va a acompañar. No fe ciega: fe suficiente como para probar algo que todavía no se entiende.

Tercero, un compromiso genuino. No hablo de tiempo ni de intensidad. Hablo de predisposición real. De que algo se mueva del lado de uno.

Yo aporto la visión. La ejecución, el éxito y el resultado son de quien camina.


Referencias

  • Evangelio de Marcos, 5:25–34

    Tu fe te ha sanado. Él no se adjudica la sanación. Ahí entendí de qué lado está lo que sana.

  • Bert Hellinger, Órdenes de la ayuda

    Dar solo lo que tengo, tomar solo lo que necesito. Y adulto ante adulto: si me piden que haga de padre, ahí no hay ayuda.

https://gastonlopeztropeano.com/textos/lo-que-veo-cuando-alguien-pide-ayuda